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25/6/20

Formación virtual misionera: oportunidad para los amantes de la misión


La Escuela de Formación Misionera lanza esta propuesta adaptada a las condiciones especiales de este año, pero que recoge la experiencia atesorada por esta escuela desde 1991, cuando se puso en marcha. Se trata de un curso dirigido a congregaciones religiosas, institutos misioneros, asociaciones laicales, sacerdotes diocesanos o laicos comprometidos con la misión que busquen una formación permanente y actualizada. Entre sus destinatarios están también misioneros en periodo de renovación y actualización y agentes de pastoral que llegan a España y se insertan como tales. En definitiva, mujeres y hombres llamados a compartir la fe más allá de las fronteras o también en España, pero que buscan que la misión universal esté siempre presente en su actividad pastoral.
La Formación Virtual Misionera 2020, al ser un curso online, será una oportunidad de formación para las delegaciones diocesanas de misiones y a parroquias y arciprestazgos, sin tener que salir de casa, y dedicando sólo dos horas, de 16:00h a 18:00h, los martes y los jueves, en los meses de septiembre a diciembre. Única exigencia: que el alumno disponga de buena conexión a internet.
La Escuela de Formación Misionera cuenta con el respaldo de las siguientes instituciones: las Obras Misionales Pontificias, CONFER, IEME, OCSHA, ISCAM, OCASHA-Ccs, Comisión Episcopal de Misiones, Coordinadora de Laicado Misionero y La Salle ARLEP. La inscripción se puede realizar en la página de la Escuela de Formación Misionera, rellenando la ficha que en ella se presenta, a través de correo electrónico esformis@hotmail.com, o por teléfono en horario de oficina en el 91 725 00 30.
Consulta el programa del curso aquí.

19/6/20

Tu ayuda alivia el sufrimiento de mucha gente

¡Gracias! 
 
Ser Director Nacional de OMP no es todo lo bonito y divertido que pueda parecer en ocasiones. Hay mucho trabajo y muchas cosas que sacar adelante. Pero también hay algo que me sorprende, me impresiona y me hace sentir que vale la pena este esfuerzo: hay mucha gente buena, como tú, que no deja de vivir la misión y que se emociona sabiendo que Cristo está siendo predicado en tantos lugares del mundo por el trabajo que la Iglesia misionera está haciendo.
A todos vosotros, ¡muchas gracias! Sois la mejor recompensa que tenemos en OMP por el trabajo que realizamos. La campaña para secundar la iniciativa del Papa y ayudar a los países en misión a salir adelante a pesar del coronavirus está siendo un éxito, y lo estáis haciendo posible todos vosotros.
Desde las misiones hemos recibido muchos testimonios de gratitud por las ayudas enviadas. En este mail y en www.omp.es puedes leerlos.
José María Calderón
Director Nacional OMP España
"Vuestras ayudas alivian nuestro sufrimiento y refuerzan lazos de amor entre los cristianos” 
Jesús Tirso Blanco, obispo de Luena, Angola
"La mayor parte de la población de Luena vive sin acceso al agua potable. A causa del Covid los alimentos básicos han duplicado su precio y las familias no pueden alimentarse, el desempleo es altísimo y la situación se está volviendo dramática. 
A lo largo de estos años, con el apoyo que envía OMP, la Iglesia ha construido muchos pozos de agua que ahora permiten llevar agua a diversos puntos de la provincia. Estamos distribuyendo jabón y baldes para la higiene. Con los vehículos de la diócesis llevamos agua a más de 80 familias que no pueden desplazarse para conseguirla. En algunas zonas, en vez de distribuir comida directamente, fomentamos proyectos agrícolas para que puedan cultivar las tierras y obtengan sus propios alimentos.
Incluso con los templos cerrados seguimos repartiendo alimentos entre los más pobres, llevamos comida a los numerosos niños de la calle y ofrecemos ayuda espiritual, creando espacios nuevos para anunciar el Evangelio". 
"Vuestra ayuda y apoyo son piedras vivas en el fortalecimiento de la fe en mi diócesis"
Emmanuel Felemu, obispo de Kankan, Guinea
"En Kankan mucho antes de la pandemia del coronavirus, nuestros cristianos vivían en prácticamente miseria. Ahora la situación es cada vez más preocupante. Gran parte de población son campesinos que cultivan arroz, otros viven de su trabajo en pequeños talleres o comercios, algunos son enfermeros o maestros... todos necesitan su sueldo para poder satisfacer las necesidades más básicas.
Las ayudas que hemos recibido de OMP las utilizamos para estar junto a ellos y ayudarles. Las parroquias son ahora verdaderos centros de ayuda económica, de apoyo educativo y, sobre todo, de esperanza en medio de tantas dificultades. Ahora más que nunca, las comunidades necesitan que los sacerdotes, religiosos y religiosas estemos su lado".
"Vuestra generosidad ayuda a más de 3500 familias que viven en extrema necesidad"
Virgilio do Carmo da Silva, obispo de Dili, Timor
"Durante este año Timor ha sufrido convulsiones sociopolíticas que han creado gran inestabilidad social. La temporada de lluvias dejó terribles inundaciones, muchas personas se quedaron sin hogar y sin acceso al agua potable y lo más duro, se perdieron las cosechas en varias zonas del país. La llegada del Covid ha llevado al límite estas trágicas situaciones. 
La Iglesia está ayudando en sus necesidades más básicas a los golpeados por el desastre y a darles esperanza de cara al futuro. Las 32 parroquias de Dili se han organizado para que nadie se 'quede atrás', para que ninguna familia carezca de lo más necesario. Vuestra generosidad, a través del Fondo de Emergencia de OMP, servirá para comprar alimentos y distribuirlos entre los más necesitados".
Apoya a la Misión con tu oración
Oración diaria por la Misión y los misioneros en Hozana

Las Obras Misionales Pontificias se han sumado a la red social de oración Hozana para crear una gran comunidad de oración por la Misión. Este espacio contendrá el Evangelio del día, una reflexión misionera del padre José María Calderón, director nacional de OMP, y una oración.
¡Únete a la gran familia de los misioneros rezando cada día con OMP España! Inscríbete y reza con nosotros
Apoya a la Misión con tu donativo
Ahora y durante el año 2020 los donativos que se hagan a OMP tienen más deducciones fiscales:
Si aportas 150€ o menos tendrás un 80% de deducción. A partir de 150€ te deducirás el 35% o el 40% si eres donante habitual.
Las empresas tienen un 35% de deducción en el Impuesto de Sociedades.

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Por ejemplo, si aportas 10€ mensuales, tu aportación anual será de 120€ y te desgravarás 96€ en tu próxima declaración de la Renta.
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18/6/20

El obispo de Luena agradece las ayudas que “alivian nuestro sufrimiento”


Ante la llegada de la pandemia a América, Asia y África, Roma sigue recibiendo estos dís numerosas peticiones de ayuda de los territorios de misión, que son atendidas por el Fondo de Emergencia de Obras Misionales Pontificias (OMP) COVID-19, que el Papa abrió con una aportación personal el pasado 6 de abril. El obispo de Luena (Angola), monseñor Jesús Tirso Blanco dice que estas ayudas alivian su sufrimiento y “refuerzan los lazos de amor entre los cristianos”.
El misionero salesiano de origen argentino, monseñor Jesús Tirso Blanco, es el obispo de Luena desde 2007, aunque lleva en Angola más de 30 años. El obispo teme la llegada del coronavirus a una diócesis que apenas cuenta con un médico cada 13.000km2. Luena fue una duramente azotada por la guerra civil en Angola; es una de las diócesis más grandes del continente africano, con un tamaño casi similar a la mitad de España (223.000km2), y su población vive sin acceso al agua potable.
La distribución del agua en la diócesis ‒que es un problema crónico‒ es devastador con el COVID-19. Muchas familias no tienen agua en sus casas, lo que impide el lavado de manos, una de las medidas esenciales para evitar contagios. Además, debido a la falta de comunicación interprovincial, muchos productos necesarios “han duplicado su precio”. Esto, unido al desempleo, está creando serias dificultades para que la gente pueda alimentarse y la situación se está haciendo “dramática”. Para afrontar esta situación, gran parte de la población ha comenzado a plantar “mandioca y maíz, porque nos damos cuenta de que si no, no sobreviviremos en los próximos meses”.
A lo largo de estos años, la Iglesia católica ha construido muchos pozos de agua que ahora permiten llevar agua a diversos puntos de la provincia. El obispo explica que están también “distribuyendo jabón y baldes de agua para la higiene en los lugares de mayor presencia de personas” y “llevando agua en una moto, con un tanque, a 80 familias donde hay gente que no puede caminar, o que tiene serias dificultades para ir a recoger el agua”.
Asimismo, la Iglesia está impulsando, al sur de la diócesis, un proyecto agrícola en una zona de sequías. ”En vez de distribuir comida directamente, ayudamos a que ellos mismos puedan superar y encontrar nuevas técnicas de agricultura que les ayude a superar estos momentos de crisis”, explica. Por otro lado, “los boy scout de la diocesis con Cáritas han llevado comida a todos los grupos de chicos de la calle que están presentes en nuestra ciudad”.
Además, incluso con los tempos cerrados, la Iglesia ha seguido ofreciendo alimento y ayuda espiritual, creando espacios nuevos para anunciar el Evangelio.
El obispo salesiano agradece al Papa la iniciativa del Fondo de Emergencia y el apoyo ordinario de OMP a lo largo de todo el año, especialmente el de España, sin el cual, diócesis como la de Luena (prácticamente destruida durante la guerra) no podrían sostenerse. “Estas ayudas por una parte alivian nuestro sufrimiento, y refuerzan los lazos de amistad y de amor entre todos aquellos que llevamos el nombre de cristianos”, subraya el prelado.

11/6/20

Adiós a Ayuda al Tercer Mundo Medicamentos



Hoy tenemos que comunicaros una noticia agridulce para nosotros, para los misioneros y la Diócesis de Pamplona y Tudela.

Después de 50 años de servicio a la Diócesis, y sobre todo a los misioneros navarros, la ONGD AYUDA AL TERCER MUNCO MEDICAMENTOS (ATMM) se despide con la tarea bien cumplida: haber puesto alma y corazón en cada envío de medicamentos, tanto a dispensarios misioneros como a los propios misioneros.

Nos entristece perder este servicio impagable, sobre todo pensando en nuestros misioneros mayores en territorios de misión, y al mismo tiempo agradecemos desde la fe, y el cariño forjado por los años, la gran labor y el servicio desinteresado de esta ONGD al servicio de nuestra Iglesia en Navarra.

La Red de Marta y María, movimiento misionero diocesano que aglutina la labor misionera de los voluntarios que apoyan a los misioneros navarros desde diferentes iniciativas, como roperos y mercadillos, pierde a un grupo de “hermanos” que transmitían siempre ilusión, fe y esperanza en cada encuentro.

¡Gracias!

Gracias a cada uno de los que integráis el grupo de Ayuda al Tercer Mundo Medicamentos por el servicio prestado. Hemos estado tentados de decir: de los que integrabais… pero sabemos que en cada uno de vosotros vuestro corazón mantendrá abierto este don que habéis sido para la Iglesia en Navarra. Si somos sinceros nosotros nos unimos a esa necesidad de manteros abiertos, aunque solo sea en nuestro corazón también.

Gracias en nombre de cada misionero y misionera, para los que habéis sido más que cooperantes, mucho más, habéis sido amigos que mostraban preocupación real por sus necesidades y habéis actuado casi siempre más allá de lo que se esperaba.

Gracias en nombre del equipo de Misiones Navarra por el servicio misionero y la amistad compartida desde la fe y el cariño mutuo.

Gracias, incluso, por todo lo que queda pendiente, por dejarnos “con sabor a poco”, por ese cosquilleo en el estomago cuando sabes que la despedida, la mayoría de las veces, es una preparación para el reencuentro. Y si no es así, que más da…. Como se dice en castellano viejo: ¡Que nos quiten lo bailao! Que ha sido mucho y muy bueno lo compartido y vivido. Que ha sido mucho y muy bueno el servicio y la entrega…

Por nuestra parte no esperéis un “adiós” sino un “hasta siempre”.

Nota: Seguro que algunos de los misioneros que ayudasteis y que ahora están en el cielo estarán pensando: se llega hasta donde se llega amigos. Y para los que aún están dándolo todo, con las manos desbordadas de humanidad y con los achaques propios de la edad, les pedimos paciencia, que se guarden ese abrazo contenido por la distancia. Sabed que se cierra el dispensario, que no el cariño y la amistad.





8/6/20

Mensaje del Papa para el DOMUND 2020: La misión en tiempos de pandemia


El Papa Francisco publicaba ayer, Solemnidad de Pentecostés, el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2020, en un momento en el que “la enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento nos interpelan” a nosotros y a la misión de la Iglesia. Como lema lleva la cita de Isaías: “Aquí estoy, mándame”.
“Queridos hermanos y hermanas: Doy gracias a Dios por la dedicación con que se vivió en toda la Iglesia el Mes Misionero Extraordinario durante el pasado mes de octubre. Estoy seguro de que contribuyó a estimular la conversión misionera de muchas comunidades, a través del camino indicado por el tema: ‘Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo’.
En este año, marcado por los sufrimientos y desafíos causados por la pandemia del COVID-19, este camino misionero de toda la Iglesia continúa a la luz de la palabra que encontramos en el relato de la vocación del profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.). Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial. «Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: ‘perecemos’, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos» (Meditación en la Plaza San Pietro, 27 marzo 2020). Estamos realmente asustados, desorientados y atemorizados. El dolor y la muerte nos hacen experimentar nuestra fragilidad humana; pero al mismo tiempo todos somos conscientes de que compartimos un fuerte deseo de vida y de liberación del mal. En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo.
En el sacrificio de la cruz, donde se cumple la misión de Jesús, Dios revela que su amor es para todos y cada uno de nosotros. Y nos pide nuestra disponibilidad personal para ser enviados, porque Él es Amor en un movimiento perenne de misión, siempre saliendo de sí mismo para dar vida. Por amor a los hombres, Dios Padre envió a su Hijo Jesús. Jesús es el Misionero del Padre: su Persona y su obra están en total obediencia a la voluntad del Padre. A su vez, Jesús, crucificado y resucitado por nosotros, nos atrae en su movimiento de amor; con su propio Espíritu, que anima a la Iglesia, nos hace discípulos de Cristo y nos envía en misión al mundo y a todos los pueblos.
«La misión, la “Iglesia en salida” no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo quien saca a la Iglesia de sí misma. En la misión de anunciar el Evangelio, te mueves porque el Espíritu te empuja y te trae» (Sin Él no podemos hacer nada, LEV-San Pablo, 2019, 16-17). Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama. Nuestra vocación personal viene del hecho de que somos hijos e hijas de Dios en la Iglesia, su familia, hermanos y hermanas en esa caridad que Jesús nos testimonia. Sin embargo, todos tienen una dignidad humana fundada en la llamada divina a ser hijos de Dios, para convertirse por medio del sacramento del bautismo y por la libertad de la fe en lo que son desde siempre en el corazón de Dios.
Haber recibido gratuitamente la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo: una semilla que madurará en los bautizados, como respuesta de amor en el matrimonio y en la virginidad por el Reino de Dios. La vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor. Nadie está excluido del amor de Dios, y en el santo sacrificio de Jesús, el Hijo en la cruz, Dios venció el pecado y la muerte. Para Dios, el mal —incluso el pecado— se convierte en un desafío para amar y amar cada vez más. Por ello, en el misterio pascual, la misericordia divina cura la herida original de la humanidad y se derrama sobre todo el universo. La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que, a través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio, Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo.
La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: ‘Aquí estoy, Señor, mándame’. Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia.
Comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia. La enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento nos interpelan. Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida. Ahora, que tenemos la obligación de mantener la distancia física y de permanecer en casa, estamos invitados a redescubrir que necesitamos relaciones sociales, y también la relación comunitaria con Dios. Lejos de aumentar la desconfianza y la indiferencia, esta condición debería hacernos más atentos a nuestra forma de relacionarnos con los demás. Y la oración, mediante la cual Dios toca y mueve nuestro corazón, nos abre a las necesidades de amor, dignidad y libertad de nuestros hermanos, así como al cuidado de toda la creación. La imposibilidad de reunirnos como Iglesia para celebrar la Eucaristía nos ha hecho compartir la condición de muchas comunidades cristianas que no pueden celebrar la Misa cada domingo. En este contexto, la pregunta que Dios hace: «¿A quién voy a enviar?», se renueva y espera nuestra respuesta generosa y convencida: «¡Aquí estoy, mándame!» (Is 6,8). Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal.
La celebración la Jornada Mundial de la Misión también significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia. La caridad, que se expresa en la colecta de las celebraciones litúrgicas del tercer domingo de octubre, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera realizada en mi nombre por las Obras Misionales Pontificias, para hacer frente a las necesidades espirituales y materiales de los pueblos y las iglesias del mundo entero y para la salvación de todos.
Que la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la evangelización y Consuelo de los afligidos, Discípula misionera de su Hijo Jesús, continúe intercediendo por nosotros y sosteniéndonos. Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo de 2020, Solemnidad de Pentecostés”.