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22/10/21

Ayer, la Misión en Navarra, se silenció por un momento

 


Ayer, antesala de la celebración del Domund, fallecía mientras celebraba misa José Mª Aícua, quién fue hasta hace no mucho Delegado de Misiones, Director de las Javieradas y Director de OMP en Navarra. La noticia corría a la velocidad de las redes sociales, son los tiempos que tocan. Rápidamente se sucedían las llamadas con la voz quebrada entre algunos, las lágrimas entre otros, y el tono pastoso y lento en la mayoría.

 

Ayer fue remover las aguas, para que el poso de lo vivido juntos enturbiara, desde el fondo, la mirada detenida en la memoria.

 

Ayer fue no saber encajar el golpe, porque la fe y la esperanza no eliminan el dolor de la despedida.  Y conforme pasaban las horas el corazón recobraba el ritmo, acompasando el paso a la vida, a lo cotidiano, a lo impredecible que siempre nos rodea y se impone ajeno a nuestros deseos.

 

Y hoy, al llegar a la Delegación de misiones, la ausencia se hacía palpable, y la certeza de que tu compañero de trabajo y amigo ya no está lo ralentizaba todo. Ya no está… esta idea es terrible si la desvistes de fe y esperanza; pero por otro lado, no puedes dejar que se instale como si fuese una certeza, entre otras cosas porque no es cierto.

 

Porque si estará.

 

Estará cada vez que lo dejemos todo para atender al misionero que entra por la puerta, porque así nos lo inculcó. Ya, ya sabemos que es lo que tenemos que hacer, pero le gustaba recordárnoslo.

 

Estará en el ritmo frenético de las actividades del Domund, porque quería hacer tanto que era imposible llegar a todo y no te quedaba otra que soñar con la Misión a parte de vivirla y celebrarla.

 

Estará en la Fiesta de San Francisco Javier imponiendo las cruces y haciendo los homenajes que tanto le gustaban. Hoy el homenaje es para ti José Mª (la cruz nos la quedamos nosotros, si no te importa).

 

Estará en las Javieradas, desde la madrugada, intentado estar con todos, entre una oración temprana para bendecir a los peregrinos y un “vínico” con chistorra a medio día con los peregrinos de la Ribera. Aunque la explanada de Javier, este año, que se espera  abarrotada, no estará llena del todo, por mucha gente que rompa las distancias. Seguro que tampoco podrá evitar estar en la sonrisa del Cristo de Javier, para recordarnos que la muerte tiene algo de mentirosa y la vida se impone desde que estamos llamados a resucitar.

 

Estará animando a los jóvenes para vivir una experiencia de misión en el verano, con la maleta hecha para hacer camino con algún que otro misionero nuestro.

 

Estará animando a los voluntarios de la Dele, aunque ya no dirá aquello de “aquí se trabaja mucho”.

 

Estará hasta que volvamos a encontrarnos, y seguro que nos “pondrá las pilas” tras el reencuentro, porque ni el cielo podrá domar su carácter emprendedor. Pero esa es otra “misión” que debe esperar. Por cierto, ni se te ocurra decir que “casi todo se puede hacer en cinco minutos”, porque la liamos…

 

Hasta pronto José Mª.

 

Gracias por esta ausencia tan llena de ti y de tus cosas.

21/10/21

Alessandra Sabattini y los chicos del Domund

OMP Nacional

En España apenas habíamos escuchado hablar de ella, pero cuando supimos que esta joven italiana que será beatificada en Rímini el día del Domund había querido ser misionera en África, Alessandra comenzó a despertar nuestra curiosidad. Una joven a la que le gustaba rezar sentada en el suelo, y cuya existencia da cuenta de cómo el Señor pasó por su vida, y ella supo “verlo, oírlo y contarlo”.

¿Cómo no interesarnos por saber más de ella, sobre todo este año en el que Obras Misionales Pontificias celebrará su Domund más juvenil? Alessandra pudo ser cualquiera de los jóvenes que protagonizan el vídeo del Domund de este año, y cualquiera de los jóvenes del vídeo está llamado a ser santo, como quiso serlo ella.

Alessandra, “Sandra”, Sabattini nació el 19 de agosto de 1961 en Riccione (Rímini). Cuando tenía 4 años, su familia se mudó a la casa parroquial de la Parroquia de San Jerónimo, en Rímini, para vivir con el hermano de su madre, que era el párroco. Allí, a los 12 años, conoció a otro sacerdote, el padre Oreste Benzi, fundador de la Asociación Comunidad Papa Juan XXIII, grupo al que Sandra se incorporó y donde conocería más tarde a su novio Guido.

En 1974 participó en un campamento de verano en Canazei, una zona preciosa en el incomparable marco de los Dolomitas. Contemplando la belleza de ese lugar, y la que supo encontrar en los chicos discapacitados que les acompañaban, Sandra afianzó su compromiso con los pobres y los necesitados. Al regresar de este campamento dijo a su madre: “Nunca voy a abandonar a aquellas personas”.

En 1980 se matriculó en Medicina en la Universidad de Bolonia, pero cumplió su promesa y los fines de semana, y durante las vacaciones de 1982 y 1983 compartía su vida con los chicos que se estaban rehabilitando de su adicción a la droga. Soñaba con casarse con Guido y juntos soñaban con ser misioneros en África.

El 29 de abril de 1984 Sandra acudió a un encuentro en Rimini con su novio y un amigo. Allí fue atropellada por un coche y quedó gravemente herida; tras permanecer un par de días en coma, murió el 2 de mayo en el hospital de Bolonia.

En 1985 el padre Oreste publicó la primera edición del diario de Sandra, que ella comenzó a escribir con apenas 10 años, y donde se descubre su profunda piedad. En 2006 el obispo de Rímini, Mariano De Nicoló introdujo su causa de canonización. El milagro por el que será declarada beata el domingo del Domund, el 24 de octubre, es la curación milagrosa de Stefano Vitali, un político italiano, enfermo de un cáncer terminal, ex presidente de la provincia de Rímini.

Sandra creía que «tenemos que aprender en la fe la espera de Dios”, y “esta espera, esta falta de elaboración de los planes, este mirar el cielo, este silencio es lo más interesante que nos toca. Después vendrá también el momento de la llamada, pero seremos ciegos si en esa ocasión vamos a pensar que somos los protagonistas de aquellos asombros: la maravilla en todo caso es que Dios se sirve de nosotros tan miserables y pobres”.

Sandra sintió que Dios la llamaba a la misión, pero el momento de la llamada llegó de otra manera. Mucho antes de que pudiera cumplir su sueño de formar una familia con Guido e irse como médico a África, el Señor la llamó a su lado.

19/10/21

LA MISIÓN ES COMUNICAR A JESUCRISTO CON LA VIDA Y LOS GESTOS



Mons. Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.

Muchas veces hemos oído y conocido a misioneros que se encuentran en diversas partes del mundo narrándonos sus experiencias. Nos ha atraído y admirado su entrega generosa que manifiestan con su disponibilidad y de modo especial cuando trabajan en ambientes pobres y sufrientes. También nos admiramos de los misioneros que dan tal paso a lo desconocido y además saliendo de su propio entorno familiar, social y cultural. ¡Nos fascinan por su amor a Jesucristo en los más desheredados! No es lo mismo el ambiente social y cultural de Europa que el ambiente de Asia, de África, de América o de Australia. Pero como el amor cristiano no tiene fronteras y el ser humano, con sus respectivas y diversas características raciales, es idéntico en el fondo de su corazón,  es por ello que los misioneros no tienen dificultad de exponerse a todos con generosidad y sin distinción. Los misioneros nos invitan a ser, en nuestros ambientes propios, también misioneros. La misión es un don que recibimos en el bautismo y por tanto todos los miembros de la Iglesia somos misioneros por naturaleza y mostramos con nuestra vida y con nuestros gestos a Jesucristo que nos dice: “Así que marchad a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuántos encontréis” (Mt 22, 9). Nadie es ajeno y todo el género humano es invitado a conocer y a seguir los mandatos del Señor.

  El misionero que sigue al Señor no se avergüenza. Comunica con sencillez lo que ha visto y oído: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Act 4, 20). Hay muchas personas que creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. La fe del misionero ha de ser alternativa para los que han perdido el sentido de su existencia que es algo muy común en nuestra sociedad ávida de éxitos que se esfuman, ansiosa de felicidad que tiene su fuente en lo etéreo y en lo inexistente, buscando recursos en lo material que agobia y hastía… Este es el mejor momento para llevar el evangelio de Jesucristo. “El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia (…) A través de la encarnación, Dios ha dado a la vida humana la dimensión que quería dar al hombre desde sus comienzos…” (Juan Pablo II, Redemptor hominis, n.1). Sin Jesucristo la humanidad se deprecia y devalúa tanto que pierde la esencia propia de su humanismo. La pasión del misionero pone su acento en las palabras del Maestro que vividas con fervor y buen espíritu son medicina y esperanza para la humanidad.

 

   El misionero no pasa de largo ante el sufrimiento humano. Sufre con el que se encuentra en el camino, sufre por amor de la verdad y de la justicia; sufre sin quejarse y se fortalece con un amor que enardece el corazón de los demás. Son los elementos fundamentales que hay en lo más íntimo del ser humano, sea de la condición que sea o de la cultura a la que pertenezca, y por tanto se han de respetar. Por eso el misionero tiene la facultad, apoyado en el nombre de Jesucristo, de hacer resurgir el auténtico humanismo que tiene como nombre: AMOR. Sin el amor que tiene su fuente en Dios el ser humano se destruye a sí mismo. El amor es aquel que constituye el verdadero humanismo. Tantas realidades que se ponen en duda y que se llegan con petulancia a legislar destruyendo la vida humana desde sus inicios hasta el final, son modos de actuar que lesionan gravemente lo humano. “La vida no es un problema a resolver sino un misterio a vivir” (Soren Kierkegaard-filósofo danés del s.XIX). Y ese misterio va haciendo posible que se reconozca al ser humano como la creatura más sagrada y respetable que pueda existir.

 

   Estamos en el tiempo de hacer honor y ser agradecidos a los misioneros. Invito a todos los fieles de nuestra diócesis que apoyemos a aquellos que están en otras regiones y países del mundo. Que apoyemos, en nuestra tierra, a todos los agentes de pastoral como son los sacerdotes, los consagrados, los catequistas y los fieles cristianos para que sigamos confiando en la misión que Jesucristo nos ha encomendado a todos. Y no olvidemos de ayudar con nuestra caridad y solidaridad económica a los más pobres y necesitados. Las Obras Misionales Pontificias nos lo agradecerán. ¡FELIZ JORNADA DEL DOMUND! ¡FELIZ JORNADA DE LOS MISIONEROS!

18/10/21

Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2021


OMP Nacional

Mensaje del Papa para el Domingo Mundial de las Misiones de este año, que se celebrará el 24 de octubre. Propone el lema para esta jornada misionera, la cita de los Hechos de los Apóstoles 4, 20: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído».

Queridos hermanos y hermanas: Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. La relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). Todo en Cristo nos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena y nos convoca también a sentirnos parte activa de esta misión: «Salgan al cruce de los caminos e inviten a todos los que encuentren» (Mt 22,9). Nadie es ajeno, nadie puede sentirse extraño o lejano a este amor de compasión.

La experiencia de los apóstoles

La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jn 15,12-17). Los apóstoles son los primeros en dar cuenta de eso, hasta recuerdan el día y la hora en que fueron encontrados: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener. Como decía el profeta Jeremías, esta experiencia es el fuego ardiente de su presencia activa en nuestro corazón que nos impulsa a la misión, aunque a veces comporte sacrificios e incomprensiones (cf. 20,7-9). El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). 

Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor» (Carta enc. Fratelli tutti, 68). Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social (cf. ibíd., 67). La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19). Esa «predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro —por su propia naturaleza— no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. […] Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en “estado de misión” es un efecto del agradecimiento» (Mensaje a las Obras Misionales Pontificias, 21 mayo 2020).

Sin embargo, los tiempos no eran fáciles; los primeros cristianos comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado. Historias de postergaciones y encierros se cruzaban con resistencias internas y externas que parecían contradecir y hasta negar lo que habían visto y oído; pero eso, lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión. Los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor. Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador.

Tenemos el testimonio vivo de todo esto en los Hechos de los Apóstoles, libro de cabecera de los discípulos misioneros. Es el libro que recoge cómo el perfume del Evangelio fue calando a su paso y suscitando la alegría que sólo el Espíritu nos puede regalar. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la «convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos» y la certeza de que «quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279).

Así también nosotros: tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran. Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas. Pero nosotros «no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús» (2 Co 4,5). Por eso sentimos resonar en nuestras comunidades y hogares la Palabra de vida que se hace eco en nuestros corazones y nos dice: «No está aquí: ¡ha resucitado!» (Lc 24,6); Palabra de esperanza que rompe todo determinismo y, para aquellos que se dejan tocar, regala la libertad y la audacia necesarias para ponerse de pie y buscar creativamente todas las maneras posibles de vivir la compasión, ese “sacramental” de la cercanía de Dios con nosotros que no abandona a nadie al borde del camino. En este tiempo de pandemia, ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción. «Lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), la misericordia con la que hemos sido tratados, se transforma en el punto de referencia y de credibilidad que nos permite recuperar la pasión compartida por crear «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Carta enc. Fratelli tutti, 36). Es su Palabra la que cotidianamente nos redime y nos salva de las excusas que llevan a encerrarnos en el más vil de los escepticismos: “todo da igual, nada va a cambiar”. Y frente a la pregunta: “¿para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta permanece siempre la misma: «Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 275) y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo. 

Al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás. Como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1,1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza, esa nota indiscutible que nace de sabernos acompañados por el Señor. Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.

Una invitación a cada uno de nosotros

El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), es una invitación a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: «Ella existe para evangelizar» (S. PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio. Por eso me gusta pensar que «aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 239).

En la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el tercer domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio. Recordamos especialmente a quienes fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición.

Contemplar su testimonio misionero nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha» (Lc 10,2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión. Y es un llamado que Él nos hace a todos, aunque no de la misma manera. Recordemos que hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de una ciudad, o en la propia familia. También hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Siempre, pero especialmente en estos tiempos de pandemia es importante ampliar la capacidad cotidiana de ensanchar nuestros círculos, de llegar a aquellos que espontáneamente no los sentiríamos parte de “mi mundo de intereses”, aunque estén cerca nuestro (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 97). Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana. Que su amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros.

Que María, la primera discípula misionera, haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser sal y luz en nuestras tierras (cf. Mt 5,13-14).

Roma, San Juan de Letrán, 6 de enero de 2021, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

FRANCISCO

21/9/21

Arranca la campaña más juvenil del Domund

 OMPRESS-MADRID 


La Jornada Mundial de las Misiones que se celebra el 24 de octubre tendrá un toque juvenil ya desde el vídeo de la campaña en el que los protagonistas son jóvenes. Pero no será la única novedad del Domund, el nombre con que se conoce esta jornada misional.

Este año, con el lema “Cuenta lo que has visto y oído” Obras Misionales Pontificias (OMP) sigue reforzando su propuesta digital con el lanzamiento de la página www.domund.es y la segunda edición de la carrera virtual del Domund. Además, en el video de este año varios jóvenes que han tenido experiencias misioneras cuentan lo que ellos han visto y oído.

El vídeo del Domund este año está protagonizado por los jóvenes. Javier López-Frías, Toni Miró, Patricia Ruiz, Ana Zornoza y Luisa Moreno, cinco jóvenes de distintos lugares de España, que comparten un mismo sentimiento, su cariño por la misión. Todos se decidieron a transmitir sus experiencias misioneras tal y como reza el lema del Domund. Mediante sus testimonios expresan la riqueza personal que la misión ha significado para ellos en diferentes localizaciones de Sudamérica y África.

OMP lanza una nueva versión de la página www.domund.es que permite conocer estos testimonios y los de otros jóvenes. “Si queremos contar lo que hemos visto y oído… ¿qué mejor que los jóvenes para que nos ayuden a hacerlo? Muchos jóvenes han tenido la suerte de compartir algún tiempo con los misioneros y quieren hacernos partícipes de lo que han vivido y lo que han sentido. Este vídeo es sólo una pequeña muestra de ello”, explica José María Calderón, director nacional de OMP. La web también presenta las novedades más importantes del Domund 2021, entre las que destacan las actividades de “El Domund al descubierto” en Castilla-La Mancha. Entre ellas, el pregón del Domund a cargo del chef Pepe Rodríguez, jurado del programa “MasterChef España”, que tendrá lugar el jueves 21 de octubre.

Toda la información y el modo de inscribirse en la segunda edición de la carrera virtual “Corre por el Domund” (este año con la novedad de una camiseta conmemorativa), se encuentra también en la página web del Domund.

Finalmente, a través de www.domund.es también podrán colaborar las personas que quieran ayudar a la Iglesia en los territorios de misión, encomendados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y promover las vocaciones misioneras en el mundo. A este respecto, el director de OMP expresa que “gracias a Dios, todo el mundo ha oído hablar del DOMUND en España… pero ¿realmente entendemos lo que somos capaces de hacer si participamos en esta jornada misionera? Esta landing page quiere hacer visible lo que tanta gente está haciendo posible gracias a su aportación, con la oración, y con el ofrecimiento”.

13/9/21

De la palabra a la Palabra


“Las palabras son una de las herramientas más poderosas del ser humano. Con ellas expresamos mucho de lo que llevamos dentro. Nos sirven para lanzar puentes hasta el otro. Con ellas hablamos de amor, de tristeza, de esperanzas… Compartimos conocimientos, hacemos planes, discutimos, llamamos a Dios, clamamos por todo aquello que nos defrauda. Las palabras ayudan a encontrar su voz a los filósofos, a los sabios, o a los poetas.

 

Las palabras dejan  huellas huella. Nos hacen subir al cielo o caer a simas de desasosiego. Sanan y hieren, levantan y derriban.

 

Es verdad que vivimos en un mundo donde demasiadas veces las palabras son ruido. Se adulteran, se abusa de ellas y en ocasiones se pervierten para hacer que deformen la realidad. Hace falta respetarlas. Respetar las palabras porque, al fin y al cabo, tienen la capacidad de ser eco de la Palabra que le da sentido.” (Cuando llegas. José Mª Rodríguez Olaizola. Ed. Mensajero).

 

Tenemos entre manos una tarea ineludible: ser testigos “de palabra” y de obra de un mensaje con más de dos mil años de actualidad. Y para ello tenemos una herramienta muy poderosa: la palabra. Una palabra que debería ser reflejo de la Palabra. Por tanto, no somos más que mediadores y nuestra tarea debería consistir en crear caminos que lleven a vivir la experiencia de la Palabra viva. Palabra que puede saciar tanta sed de existencia y plenitud. Palabra que puede transformar nuestras vidas y dotarlas de sentido. Porque al hacer una relectura de nuestras vidas, desde esa Palabra, descubrimos que nuestra historia personal y comunitaria es Historia de Salvación con todo lo que en ellas hay. Con todo. Ninguna herida, dolor, fracaso, esperanza, anhelo, conquista, cruz… queda fuera de esa historia de redención.

 

Pero la palabra humana es ambivalente y debemos ejercer la tarea de comunicar la fe y la vida con la responsabilidad del artesano, que se toma su tiempo para crear una obra que refleje belleza y ganas de poseerla.

 

Por ello, puede que nuestra tarea de evangelización en Redes nos exija ser “artesanos de palabras” para que, al igual que los misioneros, sembremos la Palabra en medio de lo cotidiano a través del testimonio. Corren tiempos donde no solo debemos ser eco de quienes son testigos veraces: los misioneros y misioneras, sino que debemos asumir una vocación que nos viene dada por el bautismo. ¡Seamos sencillos y dóciles al Espíritu, para ser audaces a la hora de crear palabras que lleven a la Palabra!

70 años en la India y la vitalidad a flor de piel


Esta semana pasada ha sido rica en encuentros con nuestros misioneros. Toda una sorpresa que no esperábamos terminado ya el periodo vacacional. Pero así sopla el Espíritu: por donde quiere y como quiere. Y nosotros estamos encantados con que sea así.

 

Destacamos, de todos ellos, la visita de Alfredo Marzo Remirez, misionero navarro que lleva en la India nada más y nada menos que 70 años. Llegó a aquellas tierras cumplidos los 16, nos cuenta con una sonrisa que presagia que serán muchos más. De hecho ante la pregunta: ¿piensa volver o solo está de paso?, la respuesta, entre picardía y vitalidad, no se hace esperar: “no pongamos límites a la providencia”.

 

Este religioso salesiano nos cuenta que, ante la situación de pandemia, han tenido que “actualizarse”, haciendo uso de internet para retrasmitir las misas, ya que la presencia de los fieles ha descendido de 500 a 50, pero están viviendo con esperanza esta nueva etapa. Evidentemente esto solo es efectivo en la ciudad, pues en las zonas de selva no es posible. La zona donde realiza su labor pastoral cuenta con una presencia cristiana notable: 15000 católicos, esto en la India es una excepción. Y cuántas diferencias percibe entre su navarra natal y la India, que lleva siempre en su corazón, a la hora vivir la fe: “veo que mientras allí hay poco de todo hay al mismo tiempo mucho de Dios, en cambio aquí que sobra de todo hay mucha carencia de Dios”. Es evidente que estos hombres y mujeres de Dios no pueden evitar tener una mirada contemplativa. Así son los misioneros. Pero miran la realidad y la interpretan sin juicio alguno, todo lo contrario. Mirar de frente, sin tapujos, les permite saber dónde están las carencias y la verdadera riqueza. Y así, sin prisas pero sin pausa, saben muy bien por donde debe empezar la siembra.

Semana de envíos misioneros


El pasado domingo, 5 de septiembre, se celebró el envío misionero, en la parroquia San Francisco Javier de Pamplona, de nuestro compañero Íñigo Ilundáin, que durante diez años ha colaborado con la Delegación de Misiones y OMP en Navarra en la formación y organización del Voluntariado Misionero Solidario representando, además, a la asociación ACOES para experiencias de #VeranoMisión. Este navarrico, que sabe muy bien qué es ser voluntario en territorios de misión, parte esta vez para vivir una experiencia misionera, durante un año, a México, en una zona fronteriza con Estado Unidos, para trabajar con niños, jóvenes y adultos en el Proyecto Salesiano Tijuana A.C. Recibió la cruz misionera de D. Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona y Tudela.


Así mismo, este domingo, 12 de septiembre, en la parroquia San Esteban de Gorráiz, Ignacio López recibía de manos del Delegado de Misiones y OMP, D. Oscar Azcona, la cruz misionera, para ser enviado a Tala, en Kenia, a vivir durante un año una experiencia de misión.

El Delegado de Misiones, agradeció la generosidad de estos jóvenes y destacó que la misión en la iglesia sigue viva y ellos son testimonio de esta realidad. También hizo referencia a la alegría con la que ambos abrazaron esta etapa de sus vidas. Porque entregar la vida nos hace felices, sobre todo cuando es para vivir el Evangelio.