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19/8/21

Una despedida que es preparación para el reencuentro.

Juan José Zugarramurdi con "el rojillo".
Coche que le acompañó siempre, desde los inicios de su misión en Maracay


Hace unos días fallecía nuestro misionero Juan José Zugarramurdi Zozoya en territorio de misión, como él quería, como él deseaba en el fondo de su corazón.

Juan José era de esos misioneros campechanos, de sonrisa fácil, de corazón misionero hasta la médula anclado en una humanidad cercana. Era de esos misioneros que nos visitaba siempre que venía a Navarra, haciendo de la Delegación de Misiones y OMP un hogar con apariencia de oficina. Amigo de sus amigos, que lo digan Merche y Fernando, matrimonio misionero laico que llevan consigo la misión allá donde van, pues saben que ser misionero tiene que ver más con una continua actitud ante la vida que con recorrer lugares lejanos movidos por el amor de Dios… que también. Pues eso, hablar de Juan José Zugarramurdi es hablar de misión en clave de familia.

 

Ese espacio, ese silencio, que se instaló en la Delegación de Misiones al saber que ya no te veríamos más se ha llenado de gratitud por tu vida, por tu vocación… y se ha vuelto oración callada, que susurra con tu nombre el nombre de ese Dios Amor que te había querido para sí.


Gracias querido amigo por habernos hecho parte de tu vida. Gracias por la esperanza…


Aquí os dejamos la homilía de Mons. Enrique Parravano, Obispo de Maracay, Venezuela, el día de su funeral.

 

 

HOMILÍA CON MOTIVO DEL FALLECIMIENTO DEL

RVDO. P. JUAN JOSÉ ZUGARRAMURDI ZOZOYA,

PÁRROCO EMÉRITO DE LA PARROQUIA “SAN PABLO APÓSTOL”

Maracay, 7 de Agosto de 2021

 

Muy querido Padre José Gregorio Bracamonte, Vicario General de la Diócesis de Maracay.

Apreciado Padre Juan Carlos Arango, Párroco de esta comunidad parroquial dedicada a “San Pablo Apóstol”,

Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes que como gesto de fraternidad han venido a acompañarnos con su presencia y oración.  

Queridos seminaristas que están presentes en esta celebración.

Querida familia que ha cuidado de nuestro querido Padre Juan José Zugarramurdi Zozoya a lo largo de su vida.

Apreciados feligreses de la parroquia San Pablo Apóstol que hoy han venido a rendir un sentido homenaje de agradecimiento a este gran sacerdote que hizo tanto por este populoso sector del 23 de Enero.

Amados hermanos y hermanas en Jesús, nuestro Señor.

 

“He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe, ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día”. (2 Tim. 4,7). Esta cita bíblica del apóstol Pablo, nos muestra que aquellos que lo han dejado todo para servir al Señor en medio de su pueblo, serán recompensados, la recompensa por haber perseverado hasta el final, será la vida eterna.

 

Hoy nos encontramos aquí, en esta Sede Parroquial de San Pablo Apóstol, para brindar nuestro último adiós a quien fundó, desde su llegada de España, está parroquia y quien la dirigió por tantos años como su párroco. Nos sentimos  descorazonados ante el dolor que nos embarga por la pérdida del Padre Juan José. Dios le permitió vivir muchos años entre nosotros, años que supo emplear a favor de los más pobres y los más necesitados, siendo testimonio de fe y de perseverancia y de entrega para el Pueblo que peregrina en el 23 de Enero. Decir Padre Juan José Zugarramurdi, es toda una institución, lo que sembró en sus corazones, hoy lo recibe de ustedes, porque amor con amor se paga.

 

El Padre Juan José Zugarramurdi Zozaya, nació en el pintoresco pueblo de Santesteban, Navarra, España el 11 de Abril de 1926 Hijo de Lorenzo Zugarramurdi y Paula Zozaya. Sintiendo el llamado a la vida sacerdotal, cursa sus estudios de filosofía y teología en el seminario de Pamplona, España, fue ordenado sacerdote el 23 de julio de año 1950, de manos del Excmo. Mons. Enrique Delgado Gómez; contaba para aquel entonces con tan sólo 24 años de edad. Este año había cumplido 71 años de feliz vida sacerdotal, una vida de entrega y servicio. El Padre Juan José desempeñó sus labores pastorales en diversos lugares. Fue párroco de Silvetti, en Pamplona, España, desde el año 1950 hasta el año 1955, luego viajó a la Isla de Cuba por necesidad de sacerdotes misioneros y ejerció como coadjutor de la Parroquia de Guíbara desde 1955 hasta 1961, fundando una escuela para niños y jóvenes de familias necesitadas. En tiempos de la revolución cubana fue exiliado de Cuba, regresando nuevamente a su tierra, España, donde ejerció como vicario cooperador de Santesteban, desde el año 1961 hasta  el año 1964. En el año 1965, movido por el ardor misionero es cuando decide viajar nuevamente a América. Esta vez a nuestro hermoso país, Venezuela, e inmediatamente es recibido por el Excmo. Mons. Feliciano González Ascanio, II Obispo de Maracay y es destinado a un populoso sector de la ciudad de Maracay,  iniciando así su labor Pastoral en el 23 de Enero, fundando la parroquia donde hoy nos encontramos y ejerciendo una ardua labor cuando nuestra diócesis no contaba con el número de sacerdotes para atenderla.

 

Siempre se preocupó por la labor pastoral de la diócesis, y sabiendo que su amada diócesis de origen contaba con un gran número de sacerdotes, le insistía a los compañeros para que vinieran a tierra de misión. Fue así como bajo su intercesión lograron venir otros sacerdotes al país, entre ellos el Padre Felipe Santesteban, que fue párroco de Villa de Cura por muchos años y que partió al Paraíso hace 16 años. También el Padre José María Garciandia, el Padre Francisco Javier Martínez Navarro, entre otros.

 

Al llegar al 23 de Enero se dio cuenta de una gran problemática que existía en el lugar, falta de escuelas para formar a niños y jóvenes, una alta tasa de desempleo y delincuencia que azotaba el lugar,. Es por ello que con la ayuda del gobierno español y  bajo la compañía de las religiosas Siervas de Jesús, crea la escuela “Eliodoro Betancourt Izaguirre”, perteneciente a Fe y Alegría, Fundó también la Escuela Pre-vocacional “Monseñor Arias Blanco”, dándole oportunidad a los niños de grados superiores y a los jóvenes de formarse en un oficio y tener la oportunidad de encontrar un trabajo con el cual ocupar el tiempo y, en el futuro, poder aprender un oficio con el cual ganarse la vida. Con el tiempo y debido a la importancia que fue teniendo en la comunidad, pasó a ser Escuela-Taller, en la que se ofrecía formación integral a los jóvenes entre 15 y 25 años.

La labor del Padre Juan José, no se quedó solo en el 23 de Enero, sino que se extendió a otras latitudes como San Vicente, Las Cruces, donde se fueron edificando gran cantidad de capillas para que el pueblo,  con hambre de Dios, tuviese un lugar donde rendir culto a Dios y crecer en la fe. En esto le ayudaron las Hermanas Misioneras de Nazaret.

 

La Palabra de Dios nos dice que cualquiera que haya dejado padre o madre, hermanos y hermanas, casa, tierra, por el Señor y por el Evangelio, recibirá cien veces más en esos mismos bienes y al final de los días vida eterna. Eso lo experimentó a flor de Piel el Padre Juan José de todos ustedes. Dios nunca lo dejo solo, ustedes se convirtieron en su nueva familia, Maracay en su nueva casa, Venezuela en su nueva tierra. Nuestros corazones tienen que saltar de gozo y estar agradecidos con Dios Todopoderoso por la vida del Padre Juan José. Nos amó tanto, que se ha quedado entre nosotros. Sabemos que en vida en Padre Juan José no quiso recibir honores, ni títulos, ni cargos, pasaba desapercibido, le huía a todo eso, hacía el bien en silencio, conocía muy bien la palabra, “obra en secreto y tu padre que ve en lo secreto te recompensará”. Rindamos en este momento un fuerte aplauso de gratitud a este gran sacerdote, el Padre Juan José Zugarramurdi…

 

Gracias Padre Juan José, por todo el trabajo que realizaste en nuestra diócesis. Amaste nuestra diócesis como la tuya, tanto así que habiendo pasado a retiro y pudiendo haber regresado a tu tierra y haber tenido mejor calidad de vida, te quedaste aquí entre nosotros, siendo testimonio de que el sacerdote debe permanecer con la gente aún en las circunstancias más adversas, signo de que el pastor no debe abandonar a las ovejas y siempre te movió la compasión, la misma que sentía Jesús, que lo movía a tender a la gente en todo momento, en todo tiempo. Gracias por haber hecho de Venezuela tu casa, Hoy serás sepultado aquí, en el templo que con cariño edificaste para el Señor y para sus hijos, donde tantos fieles recibieron de ti la Sagrada comunión, otros se iniciaron a la fe en el bautismo, otros se fueron reconciliados, amados y perdonados por medio del sacramento de la confesión, y otros iniciaron una nueva familia, cuando como testigo te tocó bendecir su unión matrimonial. Han sido tantos años de donarte, desgastarte, entregarte. Tanta gente recibió tus consejos en momentos de dolor; a cuantos habrás consolado en el momento de la pérdida de un ser querido haciéndoles ver que todo no termina con la muerte, que hay vida después de la vida y que hemos de trabajar por ello. Fueron tantos los enfermos que visitaste en su lecho de muerte ayudándolos a bien morir y orando de manera incesante por la salud de todos los que estaban a tu cuidado. Pasaste la vida, como Jesús, “haciendo el bien”y entregando tu vida para que otros tuviesen vida. Por eso Dios te recibe en su Reino, Reino que predicaste y que hiciste presente con hechos concretos.

 

Gracias por tu testimonio de vida sacerdotal, ejemplo de perseverancia, de entrega, de humildad. Eres modelo para las futuras generaciones de sacerdotes. Fueron 71 años de sacerdocio y tu receta para permanecer fiel a tu vocación fue la oración, la devoción mariana, el ejemplo de la vida de los santos, el amor a Jesús en la Eucaristía, la entrega en el servicio de todos los que acudían a ti.

 

Si le preguntamos a la feligresía, tendrían muchas cosas por decir, pues pasaste tanto tiempo entre ellos que te hiciste su familia. Hoy la diócesis te despide, pero no como aquellos que no tienen fe, sino porque extrañarán a un buen hombre que se hizo venezolano y que se quedó sembrado para siempre en nuestra tierra.

 

Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a la familia que  estando el Padre Juan José aquí en esta parroquia, lo acompañaron  y que en el momento de su ancianidad y enfermedad se quedaron con él para socorrerlo y ayudarlo en todas sus necesidades. Dios les pague tanto amor, todo lo que hacemos por nuestros semejantes, no quedará sin recompensa. Dios les pague.

 

Las obras que hiciste Padre Juan José seguirán hablando por ti, serán tu voz, tus manos, tus pies, tu corazón y serás recordado por muchas generaciones. Ahora tú, que ya gozas de la presencia beatifica de Dios en el cielo, intercede por nosotros.

 

Qué la Santísima Virgen María, bajo la Advocación de Nuestra Señora de Belén, patrona del Estado Aragua, San José, patrono de la diócesis de Maracay,  intercedan por ti para que recibas el premio de los bienaventurados