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1/7/12

La labor de los misioneros no entra en las estadísticas


La labor de los misioneros no entra en las estadísticas, dice la misionera navarra  Mª Amparo Baquedano, desde Corea

OMPRESS-COREA DEL SUR (26-10-12) 

La misionera en Corea del Sur, Hermana María Amparo Baquedano, Carmelita Misionera, nos escribe la siguiente carta con motivo de la Jornada del DOMUND, que es un testimonio de su vida como misionero y un recuerdo de todos los que como ella abandonaron un día su hogar para partir a la misión:

“¡Hola! queridos amigos de los misioneros. Sí, soy una de esos 14.000 misioneros que salieron de España para ir a otras tierras y un poco lejanas, como Corea del Sur, donde ya acabo de empezar el año 36, pues llegué el 8 de octubre de 1977, con 39 años. Soy Carmelita Misionera y, a dos navarras, a la Hermanan Isabel Vidart y yo y una filipina, Hermana Genevieve Jabasa, los superiores nos encargaron la misión de fundar el Carmelo Misionero en estas tierras. Todo era completamente nuevo para nosotras. Corea, en aquellos tiempos no era lo que es ahora, pero las dificultades se hacían ligeras y normales para el espíritu carmelitano y el entusiasmo misionero que llevábamos dentro.

 Dos años intensos de estudio del idioma coreano y luego... a trabajar donde te necesiten: Dar clases de español en la universidad, participando a la vez en las reuniones del club de estudiantes católicos después de las clases; ayudar en hospitales provisionalmente; visitar enfermos de la parroquia para rezar por ellos y consolar a la familia; participar en las actividades parroquiales: coro de cantores, grupo de señoras para el estudio de la Biblia, sacristía; animar la liturgia de la misa dominical en la Base militar de USA para feligreses de habla hispana etc. Invitábamos a los jóvenes a rezar con nosotras las Vísperas del domingo y cuando pudimos chapurrear el coreano empezamos los encuentros vocacionales. Hoy tenemos 60 hermanas coreanas. Nueve de ellas han salido como misioneras voluntarias a otros países: África, Latinoamérica, Europa y China.

China, a quien miramos con cariño y esperanza, como a una hija. A pesar de la enorme población que tiene, y de las bendiciones que Dios quiere derramar sobre ella, no se abre a la misión. Tres hermanas llevan allí ya 3 años, dando su vida en silencio, sin ver horizontes despejados. ¡Qué duro el día a día! Sin comparación, mucho más duro que el mismo idioma. Contamos con vuestra oración, que nunca cae en el vacío. Dios siempre la hace fructificar y más si va acompañada del sacrificio, como nos dejó escrito nuestro Fundador, el Beato Francisco Palau (1811-1872) en su libro Lucha del alma con Dios, que publicó en 1843 con el fin de pedir oraciones por España, donde la Iglesia era tan perseguida. ‘Tiempos recios’ los de Santa Teresa, los del Beato Palau y los nuestros.

 Sentimos, a nuestra edad, cuando una mira al pasado, que la misión nos desborda. Nunca soñamos tal cosa. Quiero invitaros a que lo experimentéis. Es así de sencillo. La semilla que Dios siembra en el silencio de nuestros corazones, no se queda ahí; crece, pasa fronteras, va recorriendo países y alcanzando otros corazones, a los que dignifica y hace felices comunicándoles su identidad de ‘hijos de Dios’, pero sin ruidos, como quien no hace nada. Este año como nunca, el Día Nacional de España (12 de octubre) me llamó la atención el que, la labor de los misioneros, no entra para nada en la estadística que hacen las Embajadas sobre las relaciones de España con el país que les acoge. Sólo cuentan números de compañías comerciales y de productos exportados o actividades culturales. Se me ocurre comparar la labor del misionero a la de la naturaleza, que hace crecer los árboles sin ruido y éstos nos prestan su sombra, sus frutos, su belleza para que disfrutemos de ella. Es hermoso ¿verdad? Ya lo dijo el profeta Isaías: ‘Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la Paz’ (Isaías 52,7).

Os deseo un fructífero día del Domund, en el que muchos jóvenes abran su corazón a Cristo y respondan a su llamada con generosidad, sin condiciones. Con cariño vuestra hermana en Cristo”.